lunes, 8 de junio de 2009

Hallan al peregrino frances de 72 años

El peregrino francés de 72 años que estaba siendo buscado desde el sábado tras haber sido denunciada su desaparición cuando completaba el tramo de la Ruta de la Plata entre los municipios ourensanos de A Gudiña y Laza fue localizado hoy "sano y salvo" en un albergue de Cea, después de retomar la ruta, que dejó para ir en tren a Ourense porque le dolía una pierna.
Según confirmaron a Europa Press fuentes de Protección Civil de A Gudiña y de la Guardia Civil, el peregrino realizó el tramo A Gudiña-Ourense en tren, y se bajó en la estación de San Francisco para ir al médico.
Una mujer que lo vio en la estación de San Francisco, en Ourense, indicó que al peregrino le dolía una pierna, por lo que no realizó la ruta A Gudiña-Laza a pie. Posteriormente reanudó el Camino de Santiago hacia Cea, donde fue localizado.
El último lugar donde hubo constancia de su presencia antes de perderle la pista fue en el albergue de A Gudiña, donde realizó su último registro en el libro de anotaciones, en el que dejó escrito en francés su agradecimiento al personal por el trato que le dispensaron.
Sus compañeros, que iniciaron con él la peregrinación a Santiago de Compostela en Sevilla, habían denunciado su ausencia a Protección Civil sobre las 20.00 horas del sábado.

Santiago donde se acaba la tierra

En “Los hijos del fin del mundo” (Imagine), Espido Freire se convierte en una peregrina más del Camino de Santiago. Inmersa en un viaje que le evoca recuerdos de la infancia, voces del pasado y héroes de leyenda, opta por darnos la visión más lírica y de bella melancolía sobre una ruta mística que también se ha convertido en un bullicioso destino turístico. Por Felipe Alonso
Nos cuenta Espido Freire en su libro cómo, entre los verdes y frondosos bosques, las gotas de rocío en los pétalos y la húmeda niebla, el peregrino camina en una especie de trance a través de una atmósfera que lo envuelve en el pasado. Eso le hace sentirse único y, a la vez, una parte insignificante de la historia, al pasar por donde tantos como él ya han pasado antes, dejando grandes momentos o anécdotas insignificantes como si fueran imperceptibles huellas en el barro del camino. Ante él, como una alfombra onírica que se desenrolla paso a paso, el Camino lleva al peregrino entre recuerdos de épocas anteriores, en los que se mezclan héroes y leyendas, personajes de fábula y viejas supersticiones. Y, sin embargo, ahí están las sensaciones imposibles de obviar del presente. El cansancio, la humedad de las ropas, el dolor de las ampollas en los pies, los albergues concurridos, las ovejas y su mirada estúpida y observadora. Los infatigables conquistadores a la caza de una peregrina soltera, las maletas bamboleándose en los hombros, los peregrinos extranjeros que no abandonan su cerveza ni un solo momento. El Camino de Santiago no son sólo muchos kilómetros de ruta. Es una constelación de elementos que se suceden año tras año desde hace mucho tiempo, tan viejos y, sin embargo, siempre tan nuevos. Espido Freire se fija en todos ellos y nos lleva con ella a través de un trayecto bajo las estrellas que millones de personas ya han hecho antes.Durante el viaje, el peregrino se envuelve en la niebla del camino y en la suya propia, encontrando una calma introspectiva que lo conduce en esa búsqueda del fin del mundo y de su propia conciencia, intentando llegar un poco más allá. Un más allá que en la época medieval se encontraba en Finisterre, final del mundo conocido. Ese fin del mundo simbolizaba la atracción que siempre ha acompañado a lo desconocido, igual que el miedo. Desde allí, los pueblos antiguos adoraban al sol, con su muerte y resurrección diaria, y temían a los monstruos y diablos que vivían en el exterior. En nuestros días, Finisterre y su lengua de tierra adentrándose en el mar son la guinda final al Camino de Santiago, con su carga tanto religiosa como esotérica. Sin embargo, a la autora le parece que el viaje, que en su origen buscaba la veneración del apóstol Santiago el Mayor, ha perdido bastante su connotación religiosa para revestirse del misticismo propio de una viaje interior.Los hijos del fin del mundo es una historia sobre los recuerdos de la infancia y la juventud, envueltos en ese halo irreal propio de la memoria. Viejas memorias que vuelven como voces del pasado, preciosas flores que de niña hacen que todo lo demás no importe, lecturas sobre cuentos de la madre antes de ir a dormir, viejos miedos de la rabia y la peste. Pero también es una historia de un presente lleno de secretos que descubrir y disfrutar. La autora viaja por esas sendas milenarias permitiendo a su pasado salir a su paso para empaparse de todos esos recuerdos, como si fuera la lluvia que, de repente, uno nota que echa de menos.En Hijos del fin del mundo, Espido Freire nos narra “el relato de un viaje por el Camino de Santiago desde Roncesvalles a Finisterre: pero también un viaje a través de los recuerdos de mi infancia, en que hacía casi ese mismo viaje todos los años, para regresar a la tierra de mis padres. Etapa tras etapa, me traslado por la tierra, y también por la memoria”. La novela, que recientemente ha ganado el premio Llanes de Viajes, consigue ir un poco más allá de lo que se espera de una novela de viajes al enfocar el género como obra literaria.
Otros caminantes Son muchos los libros que tienen como telón de fondo el Camino de Santiago. Entre ellos podemos destacar Diario de un mago, del escritor brasileño Paulo Coelho, quien asegura que “el Camino me cambió, antes veía las cosas de manera complicada y después me enteré de que eran más simples y quería plasmarlo”. Otros ejemplos más recientes son Bueno, me largo del alemán Hans Peter Kerkeling, publicado en nuestro país después de haber batido récords en las librerías alemanas, y Cartografía Literaria del Camino de Santiago de Javier Gómez Montero, que destaca por ser una compilación de textos sobre el Camino. Su autor destaca que los textos literarios sobre la ruta “dan una visión mucho más jugosa que cualquier tipo de guías, experiencias de peregrinación o documentales”. Y podríamos citar muchos más: Iacobus de Matilde Asensi, Finis Mundi de Laura Gallego García…Todos ellos se convierten desde la ficción en fuentes de anécdotas, recopilación de leyendas y consejos para los auténticos peregrinos. Pero si hay algo en común que une a todos estos libros es que resaltan el carácter solidario que se respira en el Camino y el crecimiento personal que supone para cualquier persona realizarlo. Escritores y viajeros coinciden en el aspecto introspectivo del peregrinaje, sobre todo si se realiza en solitario.