lunes, 27 de julio de 2009

Un Camino que cambia vidas

No todos los caminos llevan a Roma. Los hay que conducen a Santiago de Compostela, y que atraviesan Gipuzkoa para llegar a la ciudad jacobea por antonomasia. El territorio contribuye con sus dos rutas a esta vía histórica que, según se dice, requiere un millón de pasos de sus peregrinos hasta alcanzar la ansiada meta, la tumba del apóstol.
Pero todo viaje comienza con la primera pisada, como afirmaba Lao Tsé, y para los dos caminos de Gipuzkoa, el de la costa y el interior, ese punto de partida se encuentra en Irún. En los dos pisos del albergue, situado en la céntrica calle Lucas de Berroa, los peregrinos son atendidos por Demetrio Grijalba, presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Irun, y por Félix Beledo, un hospitalero natural de Errenteria y miembro de la Asociación. Treinta y dos camas repartidas en seis habitaciones, dos baños, dos cocinas completas y una sala de reunión bastan para contentar a los caminantes que se acercan hasta el lugar, marcado en la fachada, como no podía ser menos, con una concha amarilla.
«El mejor cursillo de hospitalero es la experiencia», afirma Beledo con conocimiento de causa. Ha hecho el Camino 19 veces: 17 por la vía francesa, uno por la Vía de la Plata y otra más por el Camino del Levante, desde Valencia. Como hospitalero también es todo un veterano: ha estado prestando su ayuda y conocimiento en Santo Domingo de la Calzada y Orense.
Lleva en el albergue de Irundesde su apertura en 2007 y ha visto todo tipo de personajes y situaciones: «Hoy he tomado nota de seis rumanos. También suelen venir búlgaros, alemanes, franceses e incluso algún indio». Al preguntarle si es difícil entenderse con la gente, Félix lo niega con una sonrisa: «En esta vida quien no se entiende es porque no quiere. Ayer por la tarde estuve cenando con dos chicas coreanas. A trancas y barrancas les dije que les iba a despertar a una hora, y ellas respondieron que oui, y esta mañana se han ido con una pena terrible».
Entre los peregrinos que conforman esta Torre de Babel nómada encontramos a Juan Dorado, un barcelonés aficionado a la fotografía, que aún no ha deshecho la mochila para pernoctar en el albergue. «Hacía un día muy bueno para ir a caminar, pero el albergue más cercano está muy lejos, de modo que he decidido esperar hasta mañana», explica. Esta es la quinta vez que lo hace, desde 2005, y la primera que seguirá el Camino del Norte. «Quería empezar en Irun y seguir por la costa, porque me había informado de que era muy bonito», comenta en la acogedora sala donde se van reuniendo los recién llegados. El sentido estético le supone haber sacrificado su comodidad para poder tomar fotografías que inmortalicen esta nueva peregrinación: «Llevo mi cámara conmigo a pesar del peso considerable que supone. Sin ella perdería el 60% del disfrute», afirma. Dado que no dispone de tiempo suficiente para llegar hasta Galicia, Dorado espera alcanzar Santander u Oviedo a finales de julio, antes de volver a casa. El italiano Luigi Cianti, otro peregrino llegado al albergue de Irún, ha salido caminando desde Roma a Santiago 31 veces ya desde 1996. Cianti afirma que el Camino del Norte, que ha hecho 4 veces, es su preferido. Ambos seguirán la ruta costera.
En Gipuzkoa hay dos caminos: uno en paralelo al mar y otro en el interior. Se dice que el primero podría ser el más antiguo de la Península, dado que se trataba de un paso seguro en épocas de razzias por parte de los moros. El Camino Interior, que va desde Oria hacia San Adrián, baja hasta la llanada alavesa y después desemboca en el famoso Camino Francés, era más transitado en el siglo XVI que el de Roncesvalles. Años después cayó en el olvido, hasta que, con el surgimiento de la 'moda jacobea', recuperó su popularidad.
Camino de transformación
El interés por hacer el Camino obedece a muchos factores; cada peregrino tiene su propia motivación. A Beledo le sirvió para «conocer otras culturas y gentes». Dorado, que ha vuelto a sentir su llamada, aconseja «hacerlo como mínimo una vez en la vida». Por su parte, Ana Blázquez Ubach, hospitalera, pensó que su motivo era tomarse unas vacaciones, pero acabó completando el Camino sin llegar a tomar una decisión consciente.
¿Qué lleva a alguien a recorrer tantos kilómetros? Todos coinciden en afirmar que se trata de una experiencia capaz de cambiar la vida y de enganchar. Ubach comenta a propósito de la vida cotidiana que «en ella clasificamos a los demás, lo que no es más que una forma de establecer barreras de protección. Sin embargo, el Camino es otra forma de relacionarse: allí todos somos peregrinos».
Pese a la diferencia de motivaciones, el peregrino de hoy en día no se parece en nada al de hace veinte años, en opinión de Fernando Imaz, presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago. «No admite que se le den consejos o explicaciones. Luego realmente se da cuenta de que no sabe lo que es el Camino de Santiago», declara. Sobre la capacidad del mismo para ejercer un cambio en el peregrino, Imaz reflexiona que «a lo largo de kilómetros éste va a tener la oportunidad de plantearse cosas. Uno hace el Camino pero puede a estar cambiando su vida, y volver transformado, como cuando se le da la vuelta a un calcetín».
Las impresiones del Camino no son sólo psicológicas, sino que llegan a materializarse. El valenciano Miguel Perles, que inició su andadura en San Sebastián en el año 2001, apuntó las experiencias e impresiones de aquel viaje en un cuaderno de notas que acabó transformándose en el libro Diario de un joven perlegrino. «Desde siempre me ha gustado escribir poemas, cuentos, historias... y por eso pensé que en el Camino sería un buen momento para hacerlo», afirma al respecto.
Al hablar de su paso por Gipuzkoa se deshace en elogios: «Esos bosques, esas montañas, esas tonalidades verdes... pero lo que siempre me ha enamorado de Euskadi son sus personas, esas gentes acogedoras, amables, cercanas...». Además de un libro tiene un blog (http://perlegrino.marianistas.org), donde firma con la expresión ultreia et suseia, un saludo medieval entre peregrinos que significa 'más allá y hacia arriba'.
Más allá, siguiendo las flechas amarillas, el peregrino llega, después de dejar atrás Donostia y Orio, al albergue de Zarautz, que se abrió en 2008. Se trata de dos salas en Artezaleak, en la calle Zumalakarregi, cedidas por el ayuntamiento, que se han convertido en el lugar donde los peregrinos recuperan fuerzas antes de seguir camino. Desde finales de junio hasta mediados de septiembre, acogen a unos 40 viajeros.
El hospitalero Jesús Olaizola se encarga, junto con otros 14 voluntarios, de mostrarles las instalaciones, sellar credenciales y atender sus necesidades, desde resolver dudas turísticas hasta señalar la ubicación del tenderete de la ropa. «Les damos unos planos para indicarles dónde están los comercios, dónde pueden comer y cenar o comprar algo», dice Olaizola. El albergue, aparte de camas, ofrece ducha y pila para lavar la ropa. «Nuestra filosofía es que el peregrino que venga aquí no se quede. También queremos que disfrute de la oferta cultural; en definitiva, que conozca Zarautz durante su estancia», añade.
Después del reposo toca seguir camino. Pese a que no se llegue a la par que los amigos peregrinos que se hacen en ruta, o que su rastro quede perdido, siempre quedará desearles un buen viaje a la vieja usanza: ultreia et suseia.