domingo, 14 de febrero de 2010

A los pies del camino

María Mediavilla no ha hecho el Camino de Santiago ni una sola vez pero lo ha revisitado en cientos de ocasiones. Y sólo se ha puesto delante del Apóstol una vez, gracias a una excursión organizada por la Asociación de la Tercera Edad del Barrio de San Antonio. Pero sería mentira decir que no ha pisado la Ruta, porque holla cada día, desde hace 27 años, los escasos 15 metros de la senda jacobea que pasan delante de la que hoy es su casa y que también fue la morada de su madre, la señora Felisa Rodríguez, una mujer llegada a Logroño desde Canales de la Sierra y que puso el Camino Viejo de Viana en internet y en todas las guías escritas sobre la senda de las estrellas.
María no es religiosa, pero entiende de entrega a los demás. Lo aprendió de su madre Felisa, con la que estuvo 20 años recibiendo voluntariamente a los peregrinos que dejan tierras navarras y se adentran en el término municipal de Logroño. En 2002, con 92 años, murió Felisa y, además de su recuerdo, perviven sus vivencias en cientos de fotografías, cartas y libros que ahora atesora María. «A mí no me pescan en la iglesia», señala. «Soy católica no practicante y, aunque no he hecho el Camino de Santiago, a todos los que llegan les digo que lo hago muchas veces, con cada uno de ellos».
Y debe ser cierta la afirmación. Más de 42.000 peregrinos pasaron por delante de los humildes edificios de María el pasado año, varios miles descansaron bajo la famosa higuera de las cercanías y otros tantos sellaron su carné en el mostrador de esta mujer, que también les ofreció café, tostadas y conversación.
María no sabe idiomas y ya tiene 76 años. Pero estos no son impedimentos. Sus perros Lola, Yana y Riky la avisan con ladridos cuando los peregrinos descienden la cuesta. Si todavía no está sentada en su puesto de sellado, sale, saluda y pregunta: '¿Stamp?'. A veces ejerce de 'enfermera sin título', como ella misma dice. Ocurre cuando tiene que curar las plantas de los pies de los caminantes. «El día en que yo muera, esto se acabó. Mi hija me ayuda por las mañanas y ella se defiende con el inglés, pero tiene su trabajo y no lo va a abandonar por atender a los peregrinos sin cobrar nada». Puro sentido común teñido de melancolía.
Una raya por cada peregrino
Todo empezó cuando Jesús Martínez, sacerdote de la parroquia de San Antonio, pidió ayuda a Felisa, que para entonces ya tenía más de 70 años. Ella aceptó llevar la contabilidad de los peregrinos que se adentraran en Logroño por el camino que proviene de la vecina localidad navarra de Viana. Precisamente la primera casa habitada del término municipal logroñés se encuentra en este camino y en ella llevaba viviendo Felisa cuarenta años. ¿Quién mejor que ella para ser la receptora de los peregrinos?
«Hace cuarenta años no pasaban peregrinos por aquí. Pero, a partir del anuncio del cura, empezaron a llegar. Mi madre no sabía leer ni escribir, así que hacía una raya por cada uno de los peregrinos. Luego yo las contaba», recuerda.
Felisa se hizo famosa en el Camino por ofrecer agua fresca, higos y amor. María sigue recolectando los higos del frondoso árbol, pero también se levanta temprano y prepara café y tostadas, que puede servir a catorce o quince caminantes a la vez en lo que por estas tierras podría definirse como un 'merendero' al uso. «Yo no les pido nada, me dan la voluntad y, si no llevan dinero, les pongo café igualmente», precisa. Y dialoga con ellos mientras vierte más café en termos que lo mantienen caliente para no hacerles esperar demasiado.
Podrían ser miles las anécdotas, pero su memoria es frágil. «Para mí todos son iguales, los famosos, los que no se identifican, los que vienen de turismo y los que realmente van por motivos religiosos», explica al tiempo que muestra los cientos de fotografías que tomaron de ella y de su madre, y que luego le envían por carta desde Alemania, Italia, Sudamérica... e incluso «de ese país en el que viven en iglús». Agradecimientos en papel que también quedaron patentes en libros y guías, así como en películas, como la que rodó un grupo de alemanes. «Luego localizaron a mi hermano, que está en Alemania, y le invitaron al estreno». Y canciones. María muestra un cedé con las canciones que un romero dedicó a Felisa. «No las he podido oír, porque no tengo aparato para escucharlas», dice.
«Por aquí han pasado obispos, toreros, políticos y sindicalistas, como Cándido Méndez», rememora, aunque sus recuerdos más frescos son para los que le emocionaron con historias cercanas. «El año pasado un señor me dijo que iba a Santiago para agradecerle al Apóstol, diez años después de la muerte de su padre, que éste no hubiera sufrido en el final de su vida. Las promesas se cumplen». O para aquel madrileño que quiso sellar su carné en el Camino Viejo de Viana y se encontró con Felisa y María desprovistas de tampón para certificar su etapa. Regresó al año siguiente y la precaria situación continuaba. «No lo pida más veces al Ayuntamiento, que yo se lo mando», les dijo. Y así fue. También llegó por correo.
Marcelino Lobato ha perdido la cuenta de las veces que ha recorrido la Ruta Jacobea, la mayoría de ellas con un burro y un perro. Es un caminante profesional que también ha peregrinado a Roma, Asís o Fátima. «Hasta el año 85 dediqué mi vida al Camino y siempre digo que fue posible gracias al apoyo de mi familia, de mi mujer y de mis hijos», señala ahora con 57 años.
Fue precisamente a su regreso del santuario mariano portugués cuando se encontró mal de salud. Los análisis indicaron que su nivel de plaquetas había bajado a límites alarmantes y tuvieron que extirparle el bazo. Dejó entonces de trabajar en Permolca, empresa de la que consiguió un mes extra de vacaciones para recorrer anualmente la Ruta, a cambio de que, allí por donde pasara, publicitara la multinacional fundada por Ford.
Devolver la ayuda recibida
«Decidí que tenía que ayudar a los peregrinos porque en muchas ocasiones yo mismo había recibido ayuda, comida y hospitalidad», recuerda. Y escogió La Grajera. Si María los recibe a la entrada al término municipal de Logroño, Marcelino -'Nino' para los conocidos- los despide antes de que entren en el de Navarrete. «La Grajera era el sitio ideal, había árboles, una fuente, una mesa y un banco de madera para que se sentasen», afirma este leonés de nacimiento, aunque afincado en Logroño desde niño.
Empezó su tarea en el año 1998. El Ayuntamiento de Logroño instaló una caseta de madera en las proximidades de su puesto hace tres años y, desde entonces, Marcelino y los caminantes pueden resguardarse de la intemperie y permanecer fresquitos en verano. «Les ofrezco galletas, peras, melocotones, pero sobre todo manzanas. Tengo mi propio sello para estamparlo en sus carnés y también les regalo un bordón, hecho con palos de avellano. Si quieren, pueden también firmar en un cuaderno. Conservo una decena de libros, con 150 hojas cada uno, llenos de citas», admite.
Marcelino asegura tener amigos obispos, cardenales, arzobispos, políticos... Incluso recuerda que por su puesto pasó el actual Papa, cuando todavía tenía rango cardenalicio. Sin embargo, afirma con rotundidad que, pese a sentirse religioso, «la Iglesia nunca ha dado ejemplo para ayudar a los demás». Quien esto dice es una persona que todavía sigue rezando en iglesias y cruceros cuando sale a caminar.
La caseta de madera en La Grajera se presenta al caminante como 'Ermita del peregrino pasante' y luce una gran estampa de la 'Virgen de la locura'. «En el Camino todos estamos un poco locos, pero es una locura que nos da fuerza y vitalidad», se justifica.
Inmortalizado por Coelho
La parada de peregrinos que mantuvo Ignacio Landaluce durante 40 años entre las actuales calles logroñesas de Prado Viejo y Manuel de Falla fue inmortalizada por Paulo Coelho en varias obras. Landaluce hace ya dos años que no ofrece chorizo, pan y vino a los romeros en el almacén de su antigua champiñonera. «Yo hablaba un poco de francés, inglés y alemán, porque estudié esos idiomas antes de licenciarme en Ciencias Económicas. Atendía a los peregrinos por la gran admiración que despertaban en mí y, si pudiera repetir mi vida, volvería a hacerlo», explica. Ahora, con 76 años, regala caramelos a las mujeres, sólo a las mujeres, con las que se encuentra a diario en la misa vespertina de la Iglesia de Santiago.
La Asociación de Amigos del Plus Ultra ha programado un homenaje a Ignacio para el próximo cuatro de marzo. En 2002, tras la muerte de Felisa Rodríguez Medel también colocó una placa en su memoria que luce ahora en la fachada de la casa de su hija María, en el Camino Viejo de Viana.
A treinta kilómetros de Logroño, en la pequeña localidad de Azofra, no existía albergue para los romeros hasta que unos alemanes decidieron costear las obras y el equipamiento del salón parroquial. María Tobía, que ahora cuenta con 81 años, era la hermana del sacristán y comenzó a atender a los peregrinos. Incluso lavaba en su casa las sábanas de las primeras literas en las que los caminantes durmieron en el pueblo.
Dedicó su tiempo a los peregrinos durante una docena de años y todavía hoy, con el buen tiempo, sale a la calle a recibirlos para señarlarles el lugar que ocupa Santiago en el retablo parroquial. «Les ponía comida, les lavaba los pies con vinagre para curárarselos... Les estoy muy agradecida y apreciaban mi labor. Me mandaban recuerdos y algunos todavía me escriben por Navidad», recuerda.

Monseñor Julian Barrio

Monseñor Julián Barrio, arzobispo de Santiago de Compostela ha hablado con Análisis Digital sobre el Camino de Santiago y el Año Santo Compostelano. El prelado ha explicado que el alma y la identidad de Europa están profundamente enraizadas en el cristianismo y ha afirmado que la unidad de Europa será duradera y provechosa si está asentada sobre los valores humanos y cristianos que integran su alma común, como son la dignidad de la persona humana, el profundo sentimiento de justicia y libertad, el amor a la familia, el respeto a la vida, la tolerancia y el deseo de cooperación y de paz

¿Qué ha significado el Camino de Santiago para la identidad cristiana de Europa?

El Camino de Santiago ha sido, desde sus inicios, como camino de fe y de cultura, un acontecimiento muy significativo en la configuración de la Europa medieval como Cristiandad occidental. Ha puesto de relieve la ecuación entre cristianismo y civilización que es precisamente la gran aportación hecha por el Camino de Santiago y la peregrinación jacobea. El Papa Juan Pablo II subrayó la contribución de la peregrinación jacobea a la unidad e integridad de Europa cuando dijo en su discurso pronunciado en la Catedral Compostelana: "Europa entera se ha encontrado a sí misma alrededor de la memoria" de Santiago, en los mismos siglos en los que ella se edificaba como continente homogéneo y unido espiritualmente. Por ello el mismo Goethe insinuará que la conciencia de Europa ha nacido peregrinando".

En estos momentos no se trata, ciertamente, de crear una Europa paralela a la existente, sino de mostrar a esta Europa que su alma y su identidad están profundamente enraizadas en el cristianismo. La unidad de Europa será duradera y provechosa si está asentada sobre los valores humanos y cristianos que integran su alma común, como son la dignidad de la persona humana, el profundo sentimiento de justicia y libertad, la laboriosidad, el espíritu de iniciativa, el amor a la familia, el respeto a la vida, la tolerancia y el deseo de cooperación y de paz.

El articulado sistema de valores –fe, solidaridad, caridad, sacrificio, actitud penitencial y trascendencia- relacionado con la peregrinación compostelana maduró y reforzó una concepción cristiana de las relaciones entre los hombres de países y costumbres diferentes, unidos en una misma fe y en una misma civilización en la que la existencia se comprende "como don y tarea para el hombre, donde el prójimo es aquel de quien cada uno se hace responsable y donde la vida de cada uno ha de ponerse al servicio de los demás". En este horizonte, la peregrinación pasa de tener un valor simple y exclusivamente cultural e histórico a ser un valor constitutivo y constituyente de la común civilización europea. El peregrino contribuye eficazmente a la construcción de una Europa que tiene una referencia espiritual con sus principios morales y sociales, su cultura, su arte y su sensibilidad, es decir, la que tiene sus raíces en la tradición cristiana que la articuló profundamente en cada una de sus fibras.

¿Cómo contribuyen los Años Santos en la peregrinación a Compostela?

Sin duda en los Años Santos es mayor el número de las personas que llegan a la Tumba del Apóstol, haciendo la peregrinación a pie o por otros medios. El atractivo que está teniendo el fenómeno jacobeo radica en la especificidad del Camino de Santiago y de la Peregrinación Jacobea como recorrido de fe, de penitencia y de oración. El Camino es un "espacio" y "un tiempo" para encontrarse con uno mismo, con los demás y con Dios.

Ofrece la posibilidad de un silencio en que el peregrino puede tomar conciencia de que Dios es más íntimo a él que él a sí mismo, como diría San Agustín. Por otra parte, la peregrinación es uno de los fenómenos religiosos de todos los tiempos que evoca la apertura a la trascendencia y convierte al peregrino en "dispensador de lo sagrado". En el caso concreto de la ininterrumpida peregrinación a Santiago, ésta, vivida con espíritu de conversión, lleva a encontrarse con la tradición apostólica que fundamenta nuestra fe y a vivir el encuentro con Cristo por medio del Apóstol Santiago, "amigo y testigo del Señor". Los Años Santos Compostelanos son los Años de la Gran Perdonanza que comprometen al peregrino con los valores del Evangelio, redescubriendo su vocación de eternidad y su llamada a la santidad y contribuyendo de esta manera a transformar las realidades terrenas.

¿Qué repercusión espiritual espera usted como arzobispo de Santiago del actual Año Santo?

Deseo y pido que la celebración de este Año Santo, acontecimiento espiritual y religioso, nos ayude a renovarnos espiritualmente, haciendo memoria de los contenidos de nuestra fe para ser como el Apóstol Santiago, "amigos y testigos del Señor" y acogiendo la salvación del Señor; que nos motive a despertarnos de la somnolencia ante el don inapreciable del amor de Dios, manifestado en su misericordia que a veces somos incapaces de percibir en medio de la indiferencia religiosa, de la incertidumbre moral y de la pérdida del sentido trascendente de la vida, y fortalezca nuestra esperanza cristiana.

Esta esperanza es posible, razonable y realizable porque Jesucristo es la razón de la misma para nosotros que somos "peregrinos por gracia". Hago mías las palabras de Dante, puestas en boca de Beatriz en el canto del Paraíso de la Divina Comedia, pidiendo que en la Casa del Señor Santiago resuene la esperanza cristiana para todos los peregrinos llamados a asumir el presente con responsabilidad y creatividad, sabiendo confiadamente que el futuro está sostenido en las manos providentes de Dios.

Estoy seguro de que el Año Santo contribuirá de este modo al despertar religioso y espiritual de muchas personas, de nuestras comunidades cristianas y de nuestros pueblos. La conversión continua y la predicación asidua de la Palabra de Dios favorecerán la fe y el testimonio de los cristianos; la oración y la caridad promoverán la santidad de los fieles; y el fortalecimiento de la esperanza en los bienes futuros animará la evangelización continua de la sociedad en consonancia con la rica tradición apostólica.

¿Qué es lo que más le pide usted al apóstol para España, para los españoles y para los europeos?

Que tomemos conciencia de donde venimos, avivemos las raíces de nuestra fe y mantengamos nuestra identidad cristiana, asumiendo el compromiso de "compartir la suerte del Señor" como lo hizo el Apóstol Santiago, nuestro primer evangelizador y Patrón de España, gastando la propia vida a ejemplo de su Maestro, soportando contradicciones, y no desalentándose por la incomprensión pues sabía que "mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal" (2Cor 4,11).

Que vivamos con agradecimiento este misterio de gracia de Dios como es el Año Santo, descubriendo día a día el paso de Dios en nuestra vida en actitud de escucha y con disponibilidad para ser peregrinos de la fe y testigos de Cristo resucitado en la complejidad de nuestra existencia, en la que estamos llamados a edificar en la caridad nuestras comunidades cristianas viviendo en gratuidad y generosidad y rechazando todo tipo de violencia y de cultura de muerte, a mantener la unidad de la fe en los pueblos de España, y a superar el secularismo que seca las raíces de nuestra esperanza.

¿En qué medida las corrientes laicistas europeas repercuten en las peregrinaciones?

Pueden ciertamente contribuir a desvirtuar el dinamismo espiritual de la Peregrinación Jacobea. La preocupación de la Iglesia es lograr pastoralmente que el Camino de Santiago no pierda su identidad, recordando que lo que le da sentido es la meta que es el encuentro con Cristo de la mano del Apóstol Santiago.

En definitiva el peregrino, como aquellos griegos del Evangelio, quiere ver al Señor. Si no se tuviera presente esta realidad el Camino de Santiago, "el grande principio glorioso" como lo define Dante, se convertiría en una realidad "inerte" que nada tendría que ver con los objetivos con los que los peregrinos año tras año, siglo tras siglos, han ido marcándolo con las huellas de sus pies en actitud de oración y de penitencia: pidiendo perdón por sus pecados, acogiendo la gracia de Dios, y asumiendo el compromiso de la caridad.

La peregrinación es una metáfora de la vida del hombre, una de cuyas dimensiones constitutivas es la religiosa. "Nos hiciste, Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti", escribió San Agustín. El peregrino es un dispensador de lo sagrado y transmisor de saberes. Es cierto que algunas personas pueden recorrer el Camino de Santiago desde inquietudes culturales o turísticas, pero si viven abiertas a lo trascendente, llegan a la Casa del Señor Santiago en la condición del peregrino.

Los Peregrinos van a estar seguros

Rueda recorrió hoy un tramo del Camino de Santiago con miembros de la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil de Boqueixón (A Coruña) y con varios cargos de su departamento.

El conselleiro explicó que este grupo de voluntarios participa en el Plan de Atención al Peregrino, un programa que prestará este durante todo el año ayuda continua a los peregrinos en las distintas rutas y establecerá operativos de protección civil en los grandes eventos del Xacobeo 2010 en los que estén previstas "grandes concentraciones" de personas.

Según Rueda, en los primeros meses del año, con menor afluencia e peregrinos, los voluntarios se encargan sobre todo de recorrer las rutas, inspeccionarlas, detectar posibles deficiencias e informar de de ellas.

Además, orientan a los peregrinos si es necesario y prestan atención "en primera instancia" de heridos y lesionados. También está previsto que colaboren en la búsqueda de rescate de peregrinos "perdidos o heridos", según apunta la Xunta en un comunicado