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lunes, 27 de abril de 2009
La Comida de los Peregrinos
El pan y el vino eran las bases de la alimentación medieval. Por lo tanto estos elementos serían indispensables en el viaje. Los peregrinos del norte de Europa e Inglaterra, zonas donde el vino no se consumía en exceso, bebían fundamentalmente cerveza. La comida pedida por un peregrino en un mesón o el contenido del zurrón jacobeo para acompañar al pan eran la carne, el pescado, las legumbres, las hortalizas las verduras y las frutas. Todo ello dependía del poder adquisitivo del consumidor. La mayor dificultad de los romeros para seguir con su dieta habitual durante la peregrinación era la carencia de estos alimentos en las diferentes comarcas por las que pasaban. El mundo rural, cuya dieta era muy monótona, tenía sus propios productos- base; la carne más empleada era la de cerdo, aunque también se sacrificaban para el consumo humano ovejas y vacas. Estas carnes pertenecían a animales viejos y por su dureza debían ser cocidas durante largo rato en una olla perdiendo, de este modo, todo su sabor y propiedades nutritivas. Teniendo en cuenta el escasísimo poder adquisitivo de las clases populares en esta época podemos pensar que los peregrinos, en su mayoría pobres, no podrían consumir más que despojos (hígados, orejas, patas, tripas). Muy apreciadas, en las zonas donde se elaboraban, eran las morcillas (a base de sangre de cerdo, azúcar, pasas y piñones), las castañas, complementadas también con sangre porcina, y las tortitas de harina de mijo. Los viernes y el resto de los periodos marcados por la Iglesia como de abstinencia los peregrinos más afortunados encontrarían algún pescado en su mesa. El resto debería comer frutas y verduras (habas, judías, lentejas, ajos, calabazas, rábanos, lechugas...) a las que añadiría los huevos, crudos o cocinados.Hoy día nos hubiera costado compartir mesa con uno de estos peregrinos. El pan no se parecía al actual sino que era una mezcla de cereales (mijo y avena) cocidos con agua (leche) y sal. Las carnes y el pescado no se salaban como en la actualidad, sino que se condimentaban con especias de fuerte sabor (pimienta, canela, clavo, azafrán) y se freían en grasas vegetales (contrarias a las recomendaciones médicas actuales). Sólo en las zonas mediterráneas se usaba el aceite de oliva. No sólo extrañaríamos la alimentación sino también el comportamiento de los comensales. En los mesones, refugios o conventos donde podían comer los peregrinos no se usaban manteles, platos ni tenedores; ante sí el peregrino encontraba cucharas, cuchillos y escudillas de madera. Lo que sí nos uniría es la costumbre de lavarse las manos antes de comer.
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