Como si se tratase de una réplica a escala de Notre Dame de París, la iglesia colegial de Orreaga o Roncesvalles es un magnífico ejemplo del gótico francés. Formas constructivas de gran pureza convierten este templo del siglo XIII en un encantador reino de la armonía. La nave central, donde destacan los coloridos rosetones laterales, cuenta con triforio, cabecera polígonal y bóveda de crucería simple apoyada sobre pilares cilíndricos. Preside el templo la estatua de la Virgen de Roncesvalles, una valiosa talla gótica de madera revestida de oro y piedras preciosas. El claustro, que en los inviernos más duros llega a ocultarse por completo bajo la nieve, es austero y silencioso. Desde él se accede a la sala capitular, una estancia del siglo XIV conocida también como capilla de San Agustín, en la que sorprende el colorido y el realismo de la enorme vidriera que representa la batalla de las Navas de Tolosa. A sus pies descansan los sepulcros de Sancho VII el Fuerte y su esposa, así como las cadenas que muestra el escudo de Navarra, traídas por el rey de la citada batalla.
Museo-biblioteca. El Ajedrez de Carlomagno, un relicario medieval organizado a modo de damero, es el principal motivo para visitar el pequeño museo de la colegiata. Cuenta la leyenda que perteneció al propio emperador. Las salas del piso inferior guardan otras muchas joyas artísticas, como tablas flamencas y libros de horas medievales. Escaleras arriba, en una planta cerrada al público, se encuentra la biblioteca de la colegiata. En ella se guardan más de 15.000 libros y manuscritos que permanecen sumidos en el más absoluto de los silencios. ¿Libros prohibidos? No, no es tan novelesco; simples medidas de conservación.
Casa Itzandegia. Este antiguo hospital de peregrinos del siglo XIII ha sido rehabilitado, manteniendo gran parte de la estructura original. Sus hermosas formas con arcos ligeramente apuntados sugieren que el gótico, aún poco atrevido, comenzaba a abrirse camino. Su interior alberga una exposición sobre Navarra y Roncesvalles. También acoge exposiciones temporales relacionadas con el Camino de Santiago y dispone de una tienda de productos artesanales. A escasa distancia se levanta la oficina de información, instalada en un viejo molino recuperado.
Alto de Ibañeta. El viento azota constantemente este puerto, paso obligado para los peregrinos que comienzan el Camino de Santiago al norte de los Pirineos. Antiguamente, se levantaba aquí un hospital de peregrinos, pero hoy sólo una ermita recuerda esta infraestructura que prestaba grandes servicios a los sufridos caminantes. El monumento a Roldán, junto al templo, es un homenaje al célebre héroe medieval que, según la leyenda, perdió la vida en estos parajes. Hasta aquí se acercan cada otoño cientos de estudiosos de las aves, que disfrutan en el observatorio de las migraciones del paso de miles de pájaros que vuelan hacia el sur en busca de inviernos benignos.
Peregrinos por un día. No todo es historia y arte en Roncesvalles, pues los hayedos y montañas que cobijan el santuario son ideales para el paseo. Nada mejor que emular a quienes comienzan aquí el Camino de Santiago. Una completa ruta circular parte tras la Posada para trepar por el bosque hasta el collado Lepoeder. No hay más que seguir las flechas amarillas que balizan la ruta jacobea, pero en dirección contraria, pues estamos retrocediendo hacia la muga con Francia. Enormes hayas centenarias nos acompañan en la ascensión; una sombra que se agradece en pleno verano. Una vez en lo alto del puerto, descendemos hasta Ibañeta por una variante bien señalizada. Las flechas nos guían después, sin pérdida posible, de vuelta a Roncesvalles. La caminata es algo exigente por el desnivel que hay que salvar, pero se recorre en poco más de dos horas.
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